El proyecto utiliza los elementos propios de la arquitectura mallorquina —la planta rectangular, los muros de marès, las aberturas verticales, las carpinterías de madera, las persianas mallorquinas, la cubierta a dos aguas con teja árabe, etc.— para adaptarlos a las necesidades actuales. La finalidad es obtener una vivienda coherente con el contexto, eficiente y preparada para envejecer bien con el paso del tiempo y con quien la habita.
La vivienda se desarrolla en una sola planta y se organiza mediante una retícula de cuatro crujías que ordenan el espacio sin jerarquías rígidas. Las estancias, conectadas por grandes puertas, permiten flexibilidad y continuidad visual. Porches, pérgolas y aberturas median la relación entre interior y jardín, concebido como parte activa de la vida doméstica.